Art 3 PROPUESTA DE TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA PARA CONSTRUIR EL PODER POPULAR. Enrique Dussel

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Art 3 PROPUESTA DE TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA PARA CONSTRUIR EL PODER POPULAR. Enrique Dussel

Mensaje por Alfredo Aguilar el Mar Ago 13, 2013 9:11 pm

Art 3 PROPUESTA DE TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA PARA CONSTRUIR EL PODER POPULAR. Enrique Dussel
Alfredo Aguilar
El propósito de Dussel y su teoría de Liberación Arquitectónica, no es otro que crear una nueva ontología que visibilice a los excluidos por la historia y sus instituciones reinterpretando la ética marxista, basándose en la realidad histórica de nuestramérica como pueblo dominado.
Según el autor, dicha teoría consiste en el campo de aplicación de la ética ya que ésta no está ligada a una materia específica, sino que está presente en todos los campos que rigen la sociedad, (social, económica, política etc) por tanto la intención es educar con el fin de refundar la política como clase regenerada que comprenda a las comunidades y que esta educación como arte social irradie los cuadros políticos de los partidos incluyendo a los medios de comunicación.
Según Kant, la política debe entenderse como una idea regulativa que moviliza el horizonte de toda la nación.
No obstante Dussel es el primero en abordar la historia filosófica política incorporando el sentir nuestro americano enmarcado dentro de un contexto mundial desmontado así la estructura filosófica euro centrista, porque difiere mucho de nuestra esencia ontológica.
El autor nos remota al Siglo XVI portugués y español, para demostrar que la hegemonía mundial no alcanza a Europa hasta la Revolución Industrial, legitimando el estrato epistemológico de la propia filosofía de la liberación, ya que cita lo que él considera el primer debate cuando Ginés de Sepúlveda justifica la conquista, invasión y depredación de los castizos contra nuestra indiada (considerados por la iglesia católica, sin alma), ante el tesón y defensa a ultranza que hizo Bartolomé de las Casas, que critica la invasión europea a nuestramérica apenas llegó como encomendero y ser testigo de las masacres adelantadas por los españoles a nuestros originarios, como la que hizo Diego Colón en Santo Domingo cuando repartió entre los nativos estampas de la virgen y les dijo que por ella tendrían buenas cosechas, estos que apenas entendían aquella jerigonza castiza lanzaron las estampitas a la siembra, acto que ofendió al hermano del genovés Cristóbal y de inmediato empaló a más de 300 nativos por apostasía.




O sea, en siglo XVI, España se erige como un estado moderno, mientras nuestramérica se convierte en territorio colonial.
Por tanto Dussel considera a los pensadores como de las Casas, o Francisco Vitoria como los iniciadores del pensamiento filosófico de la modernidad.
La Liberación Arquitectónica, es el trabajo ontológico político, más elaborado e importante de la actualidad ya que subsume los principios de la “Ética de Liberación” donde se reinterpreta la bondad como pretensión de justicia, puesto que en ética no se puede hablar de un acto perfecto, ni en política existen instituciones perfectas sin efectos discordantes, negativos, es preciso subordinar los principios políticos a los éticos.
Cuando Dussel cita la “Potentia” nos habla del poder constituyente o sea el poder popular organizado, esta potentia alterna con las “Potestas” que es el poder constituido que representa la legalidad estatal, no obstante cuando esta potestas se olvida del mandar obedeciendo se corrompe y Dussel la define como “Fetichización de la Política”.
Es decir “Potentia” es la capacidad popular de ejercer un poder político, y “Potestas” es el poder obedencial, convirtiéndose ambos en fundamentos inevitables en toda organización social histórica.
La “potentia” inmediata es “el ser en sí”, es “el poder en sí”, es la voluntad consensual instituyente, es el fundamento del ejercicio, por tanto es el poder legítimo. Así pués de modo análogo a la ética, la política se articula con tres lados fundamentales que son las acciones, las instituciones y los principios. Y a su vez se define como campos económico y cultural. Que al entrecruzarse originan sub sistemas. La política necesita expresarse, organizando y produciendo, así proporciona su contenido material, y como ésta actividad es adelantada por miembros de la comunidad lo que viene a constituir lo que Dussel denomina la “Biopolítica”, de esta forma no se agota en la autoridad si no que se reencuentra con la vida misma como horizonte.
Dussel afirma que tanto “la potestas” como “la potentia” se necesitan para instituirse como poder, desdiciendo a Marx cuando asegura que es utópico y anarquista el tomar el poder explotando las instituciones.
En consecuencia una comunidad requiere de instituciones políticas que atiendan asuntos referentes a la polis, no obstante las instituciones se agotan, se desgastan entrópicamente, se burocratizan o sea se fetichizan orientando



las instituciones hacia la muerte, la represión y la dominación, sin embargo afirma Dussel que el pensamiento crítico, tiene el imperativo de proponer alternativas a estas contradicciones para que las instituciones no violen el mandato de la potentia oponiendo intereses corporativos a los intereses colectivos.
Cuando Dussel nos habla del poder obedencial nos refiere a las potestas que no se fetichizan, es el que se mantiene ligado al pueblo que es quién lo instituye y una manera de lograrlo es cuando la juventud rompe con la cultura dominante superando la mediocridad imperativa del capitalismo, aún conservando el estado.
El estado se define en el derecho romano como un momento legal, “estar” o “estatus” o “estatus republicae”, se infiere el modo de estar gobernado.
Tomás Moro en su “Utopía” nos habla del optimo estado de la República al referirse al ideal de alcanzar lo que Simón Bolívar llamó “la mayor suma de felicidad”. Es en la Italia del siglo XV cuando comienza a llamarse “stato”, luego Nicolás Maquiavelo lo consagra cuando aplica “Tutto los statis” a todos los dominios, en fin hay diversidad de enfoques para describir el concepto de estado. Sin embargo hay que articular el tipo de estado (objetivamente institucionalizado) con el tipo de voluntad instituyente.
Anthony Giddens dice: “Un estado existe donde haya un aparato político, instituciones de gobierno tales como sala de justicia, un parlamento, o un congreso más funcionarios públicos, una población civil gobernada desde un territorio, cuya autoridad se respalda por un sistema legal y por la capacidad de emplear la fuerza para implantar sus políticas. Entendemos que para Giddens un estado es tal con solo tener instituciones legales aunque no funcionen y que solo la capacidad de reprimir le da el status, no obstante Hegel dice que el estado es un momento de la voluntad (fraternidad) y la razón (saber), en una intersubjetividad que guarda unidad (como un singular) objetividad (en su universalidad), por el amor y la autoconciencia.
El estado es el momento en que todos los ciudadanos (sin contradicciones, como en la sociedad civil) tiende desde su subjetividad patriótica, al bien común.
Para Hegel en el estado, la historia de la humanidad alcanza la conciencia plena de sí, en un momento de aproximarse al “saber absoluto”; a la libertad de



la voluntad del espíritu (como el espíritu de los mismos dioses), el espíritu del pueblo es lo divino que se sabe y se quiere, la piedad es la sensibilidad y la eticidad la virtud política. Según ésta teoría el estado queda sustantivado, divinizado como una meta institución que transita por la historia como el espíritu de los dioses “posándose” en un solo pueblo en cada momento de la historia, y solo éste pueblo entonces recibe la plena definición de estado.
Lenin después de la Revolución de octubre, escribió el libro “El Estado y la Revolución”, libro que había comenzado antes y que por desarrollarse el proceso hubo de esperar su término hasta ya entrada la Revolución bolchevique, allí nos dice el camarada Lenin que todo el poder del estado es coerción. Es más la cuestión del poder siempre se relaciona con el estado.
Éste estudio adelantado por Lenin tenía el propósito político estratégico de clarificar la posición de los bolcheviques en referencia a la “toma del poder” del estado o por el contrario su “extinción”. No es lo mismo tomar las instituciones claves y transformarlas que simplemente aniquilarlas y pasar a la utopía de un gobierno directo de los soviets o comunidades democráticas directa.
Engels nos dice: El Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad, es producto de ella al lograr cierto desarrollo, pero cuando esa sociedad por contradicciones se enreda consigo misma, es necesario un poder situado en apariencia supra sociedad (para su control), o sea el Estado es un “órgano de conciliación de clases” y a su vez es opresor, de dominación por tanto: si el Estado es irreconciliable con las contradicciones de clases, es imposible que la clase oprimida (el proletariado) se libere sin una revolución violenta y sin la destrucción del aparato estatal ya que tanto el ejército como la policía son los elementos fundamentales de fuerza que tiene el Estado para mantenerse en el poder; citamos: El realismo estratégico de Lenin contra el utopísmo anarquista, sabe que aunque el Estado sea la expresión de dominación de una clase sobre otra, será necesario contar con él en un proceso post revolucionario. Si se le “extingue”, no hay manera de organizar un nuevo orden, sí se le usa tal cual es imposible una revolución cabal.
Hay una premisa utópica que exige ser resuelta, las clases “desaparecerán” de un modo tan inevitable como surgieron en su tiempo y por supuesto no hay clases, no hay Estado, éste también desaparecerá, pero en la “transición” entre “la revolución y el comunismo”, el gobierno sobre las personas será sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de




producción, la negación de la política entonces, en ese proceso de transición, se usará despóticamente por el Estado en la “dictadura del proletariado”.
Es cuando sucede la inversión de papeles, el proletariado pasa de su papel de oprimido a ser el opresor de la burguesía, en esto consiste el acto de la toma de los medios de producción, claro eso significa la extinción de la democracia, porqué según Lenin: La democracia es un estado por su poder de dominación, poder de violencia, y poder de coacción ya que éste tiene la necesidad estratégica de formar un ejército fuerte que lo defendiese y de organizar con disciplina la producción para sostenerse, y siendo el proletariado el nuevo instrumento del poder, le toca ejercer la coerción y violencia a las clases dominantes del pasado capitalista y a su vez dirigir a la enorme masa, para enrumbar la economía socialista y por ende la democracia se extinguirá con el Estado.
La toma de decisiones, la participación proletaria campesina no encontró instituciones de expresión.
La potestas no se puede tomar, manifiesta un sentido circunstancial, defectivo, negativo, fetichizado, instrumento de esa fuerza de la vanguardia de la comunidad política, en otras palabras que si el estado no tiene poder taxativo, no se puede tomar, infiriendo con ello que las masas proletarias (obreros, campesinos) no podían de inmediato hacerse cargo de las responsabilidades políticas urgentes. El poder que puede tomarse ya viene fetichizado y como el poder en última instancia pertenece a la comunidad política o sea la potentia es institucionalizada por el estado (la potestas) por ello Rosa Luxemburgo decía: Nada puede someter más a un movimiento obrero… que ésta burocracia del centralismo, que como una coraza le aprisiona y lo reduce a un autómata manejado por un comité.
Los principios políticos fundamentales, la normativa de la política.
Debemos aclarar que los principios y las normas no son exactamente problemas éticos, sin ellos no podría haber liberación alguna. Un político éticamente corrupto, es un mal político.
Los principios normativos de la política son de difícil comprensión, confusa operabilidad y de exigua vigencia, no se trata de un tema filosófico únicamente, ni siquiera de la coherencia y consistencia de un discurso teórico, es una




exigencia política de vida o muerte, de legitimidad real cuyo incumplimiento produce una incoherencia práctica, el innecesario sufrimiento de los pueblos y la destrucción misma del poder consensual.
Los principios políticos negativos son aquellos que delimitan el campo político con acciones fuera de ella, cuando la acción traspasa los límites de la legalidad política. En segundo lugar son positivos, cuando se muestra la potentia normativa de los principios fundamentales del ser debajo de las mismas reglas del poder, exigiéndose como potentia existente en un determinado campo político.
La corrupción originaria consiste al pretender asumir y ejercer el poder de otro como poder propio; llamado por Dussel fetichismo, aprovecharse del poder de otro o de una comunidad para beneficio propio, es llamémosle la corrupción original, cualquier otra corrupción se suscita de ésta corrupción primaria.
Dice Rosa Luxemburgo que no separamos la praxis de la teoría porque los principios enmarcan nuestras actividades, siendo que lo que se sale de ese marco, deviene en una acción caótica que deja de ser una acción política ni juzgarse como tal, o sea es una acción fetichizada, corrompida, ilegal.
Presumimos que los principio límites universales de toda acción no quita a éste su carácter de vulnerabilidad, no obstante los principios políticos no obligan de manera exógena, si no que constituyen desde dentro la esencia misma del poder como potentia positiva, es decir los principios políticos impulsan los momentos esenciales del poder en cuanto tal.
Algunos filósofos como Nietzsche alegan que no hay hechos reales, solo interpretaciones. Dussel dice que sí los hay, solo que siempre están interpretados.
Es en éste orden donde se sitúa el sujeto viviente, vulnerable y la exigencia política de la producción, permanencia y aumento de vida humana que obliga al querer vivir como potentia.
La democracia se mueve en un ámbito intersubjetivo e instaura el espacio de encuentro entre las personas para tratar asuntos comunes con las menores asimetrías posible y bajo el compromiso de acatar los resultados del proceso. Esta obligación subjetiva de aceptar las consecuencias del proceso




democrático cuando es legítimo supone que el hombre no es tan “libre como antes” como pretendía Rousseau, si no que ahora está instituido como libre dentro de un marco jurídico que lo obliga legítimamente como ciudadano.
Implementar el principio democrático es empírico y por ende imperfecto y como tal genera efectos negativos que pueden ser enarbolados por un sector que impugne las decisiones. Así que toda aplicación genera victimas, brindando puntos críticos para superar el orden histórico.
Dussel aboga por la formación de actores colectivos que disputen las injusticias del sistema, recupera una categoría política de pueblo entendido gramscianamente como bloque social de los oprimidos en un sistema dado, puede admitir contradicciones en su seno y se instituye centro para las luchas de emancipación cuando desarrolla un bloque hegemónico de poder.
El concepto pueblo en la filosofía de la liberación se apoya en tres pilares fundamentales y son: su simpatía por los movimientos populares, la polisémica de la palabra “pueblo” en nuestra política, y la posición crítica al populismo. Dussel utiliza para ello la teoría de “Laclaud” quién viene cimentando la teoría política del populismo desde los años setenta donde plantea que el populismo surge en un momento crítico del orden social de dominación y que se enmarca entre lo genuinamente popular y el populismo. En él se plantea que conformando un bloque oprimido que asuma un espacio político para canalizar sus demandas comunes, serían un punto de referencia para “la comunidad de víctimas” y poder irrumpir en la historia e impugnar el orden social.
Dussel llama a la libertad de vivir (de los dominados) “Hiperpotentia” que no encuentran en el sistema vigente la posibilidad de ejercer una vida plena, ante la voluntad de poder de los dominantes, ésta Hiperpotentia orientada impugna la exclusión. Para irrumpir se necesita una toma de conciencia profunda del momento histórico generando una crisis hegemónica y por ende una apertura al orden social, o sea articular consenso entre las víctimas que desgaje la hegemonía dominante, instalando así un estado de rebelión a partir de la voluntad de vivir. Pero además lleva la propuesta de una nueva institucionalidad (nueva potestas) superior a la anterior, transformándola para operar bajo el criterio ético de la potestas legítima.
Esta legítima impugnación del orden social (desobediencia, rebelión) conlleva un problema filosófico – político y es: La determinación de criterios que




justifique la acción de las víctimas que impugna a las instituciones vigentes de la sociedad. Para ello se necesita que los principios sean claros y no puedan ser usados de “mala fe”. Dussel los cataloga de negativos al negar la vida de las víctimas productos del sistema. El político de vocación detecta que aunque no sufre personalmente la opresión se solidariza por deber con el sufrimiento del común. Es aquí donde se articulan los principios éticos con los principios políticos, e interpelan tanto a intelectuales como a políticos y los insta a no permanecer impávidos frente a la negación de las víctimas por la injusticia social.
La elaboración de las demandas de las víctimas y la localización del principio de la negación de la vida, abre un proceso instituyente donde la comunidad de víctimas puede provocar reformas institucionales que garanticen la vida de la comunidad.
Dussel considera como un ejercicio crítico a la democracia, esa lucha contra la negación producto de la injusticia del sistema y esta lucha se logra con el consenso y organización de los dominados victimas del sistema y a la vez considera que los movimientos sociales y el movimiento político son los actores que pueden transformar las instituciones vigentes. El político vocacional es el que ejerce la política obedencialmente y con pretensión de justicia, debe agudizar su estrategia para enfrentar el juego de los dominadores. De esta manera el político estará ofrendando su vida por la del pueblo.
Este político vocacional es el antípoda del político maximizador, egoísta, avaro y privado, propio del liberalismo.
La praxis de liberación por parte de los movimientos sociales contempla un momento de lucha negativa que tiende a subvertir lo viejo y un momento de construcción de lo nuevo, para ello requiere pensar las formas de transformación posible y proyectos viables. Piensa que para lograr la construcción de estos movimientos son necesarios estos dos elementos: el lugar de los liderazgos y las formas de organización, el primero asume los preceptos vertidos sobre el político de vocación y por el otro lado la organización de esa voluntad de vida de los pueblos es imprescindible, pasaje inicial a la potentia a grados primigenios de potestas y funciones diferenciadas al interior de movimientos diferentes que deben desarrollarse de acuerdo a principios democráticos y la participación simétrica de los afectados, solo así se forman los partidos políticos como espacios de delegación del poder desde abajo hacia arriba..



La reforma, transformación, revolución. Los postulados políticos.
El autor considera que el debate en la teoría política que había contrapuesto reformas debe ser reformulado, porque lo que se opone a reforma es transformación y ésta puede ser total o parcial, si es total estamos frente a una revolución. El reformismo aparenta cambios pero solo logra perpetuar al sistema.
La transformación opera en una lógica de cambio social a partir de la transmutación total o parcial logrando mejores instituciones al atender las interpelaciones de los sectores populares y los movimientos sociales.
Los postulados que deben guiar las transformaciones sociales son enunciados lógicamente posibles (pensables sin contradicción) pero que en un plano empírico resultan imposibles. Su utilidad radica en servir de horizonte para orientar la praxis que transformen las instituciones y ponerlas al servicio del pueblo.
Por el lado del postulado económico Dussel recupera el concepto de Marx de “Reino de libertad” para traducirlo en imperativo de liberar al hombre del trabajo y así pueda disponer de más tiempo para dedicar a la cultura, siendo que la búsqueda de justicia es una lógica política y no económica y en el caso de Latinoamérica supone la incorporación de una educación para la diversidad cultural. Dussel se pregunta sobre los alcances y formas de transformación social y argumenta sobre la factibilidad de cambio a partir de la delegación obedencial del poder y de una “disolución” del estado que se juega en tres planos: Primero, porque se tiende a una identidad entre representados y representantes. Segundo, porque las instituciones se transparentan permitiendo una fácil fiscalización de parte de los ciudadanos y tercero, porque la subjetivización del estado confiere responsabilidad sobre el bien común a los ciudadanos. La transformación del estado es indisociable de una democracia participativa donde el pueblo ejerza un poder sobre sus representantes y esté dispuesto a ejercer a través de la constitución un “poder ciudadano” fiscalizador.





Alfredo Aguilar

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