PROPUESTA DEL FUNDAMENTO FILOSÓFICO PARA DESARROLLAR UN MODELO DE EDUCACION POPULAR EN VENEZUELA

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PROPUESTA DEL FUNDAMENTO FILOSÓFICO PARA DESARROLLAR UN MODELO DE EDUCACION POPULAR EN VENEZUELA

Mensaje por ZULEIMA ALVAREZ el Dom Ene 05, 2014 12:52 pm

Barquisimeto, 17 de Mayo de 2013

PROPUESTA DEL FUNDAMENTO FILOSÓFICO PARA DESARROLLAR UN MODELO DE EDUCACION POPULAR EN VENEZUELA.

Plantear un modelo de Educación Popular implica muchos aspectos importantísimos. En principio es preciso comprender qué, como educadores populares con vocación, debemos promover un ejercicio decente para la convivencia, de trabajo y preocupación por el bien común, por la sociedad de justicia y equidad. La educación popular no se refiere solamente a la escolaridad, de aprobación de asignaturas y logro de competencias académicas que permiten pasar de un grado a otro, dando como resultado un cúmulo de conocimientos que obtiene un título profesional por el que acceder a un mejor trabajo. No es desde ese paradigma lo que está en la base del socialismo, ni de la educación popular de la que hablaba Simón Rodríguez; pues la propuesta está entendida como una manera de ser y estar en el mundo como republicanos, hombres y mujeres activando una mejor sociedad en América Latina, en Venezuela, en el barrio y en la casa desde el compromiso sociopolítico con los sectores empobrecidos, para alcanzar la igualdad social para todas y todos.
La educación popular desde su intencionalidad y metodología tiene hoy el desafío de concebir, nuevos modos y medios de entender y construir esa otra sociedad justa e igualitaria para sostener el proyecto socialista en el que nos embarcamos como propuesta de vida. Hace falta un sujeto social colectivo que intervenga, que sea activo en el proceso de derrocamiento del sistema capitalista vigente y de la transformación social. Es prioritaria la organización desde procesos de formación y creación que permitan relacionar directamente los actos, la teoría y la práctica, creando y recreando la conciencia crítica. Es el tiempo de las reuniones formativas, tiempos de debates y foros desde el interior de cada vocero ha de extender a su cuadra, a su calle, a su casa como parte fundamental de la participación popular.
La consolidación de la participación popular sólo se puede lograr a través de líderes comunitarios, voceros estudiantiles, activistas y vecinales. Cuando entendamos el conocimiento y la educación como un proceso social de carácter colectivo que aporta el desarrollo de la identidad personal y social, avanzaremos en el quehacer transformador.
Tendremos una verdadera revolución educativa cuando las maestras y maestros se relacionen fraternalmente con los niños y niñas sin limitar su creatividad y creaciones. Los empoderen de su formación tocando y cuidando la naturaleza sin miedo al ridículo o a la pregunta que genera la reflexión y no la respuesta mecánica. Estimulen la solidaridad y la protección entre compañeros de estudio sin reparar en color o condición. Promuevan la cooperación. Necesitamos maestras y maestros que ayuden a nuestros niños a observar su entorno, y al modo de Don Simón, descubran la utilidad de los colores, de la construcción, del trazado de las calles, de experimenten la lluvia y el sol y sus consecuencias vitales en el cuerpo. ¿Qué necesitamos para eso? Desarrollar nuestras capacidades para la lectura, la escritura, la reflexión, el trabajo comunitario, no la competencia ni el ser alguien por el estudio titular, que aún predomina en el ambiente de nuestras misiones educativas.
Eso que llamamos nuevo paradigma socialista tienen que ver con atender a las mismas cosas con otros ojos, con otras razones, con otras intenciones. Y se ha de complementar con una formación en los liceos y universidades consecuente:- Nuevas relaciones de poder, entendiendo éste no como una imposición de fuerzas o un cargo de gerente de, sino una fuerte relación de vinculación entre las personas y las cosas, una suma de capacidad crítica para entender y atender los procesos y desarrollar competencias instrumentales para actuar complementados y recíprocamente necesitados; y la propuesta del socialismo del siglo XXI es recuperar esa convicción de que somos portadores de poder en la medida en que todos nos encontramos envueltos en relaciones que se influencian mutuamente y nos implicamos más consiente en el proyecto de país que deseamos. Por lo que poder es sinónimo de participación, y se encuentra difuso y confuso en todas las áreas de la sociedad. Necesitamos profesores, maestros, educadores, obreros, estudiantes fortaleciendo ese tipo de poder en los liceos y universidades, en las escuelas y liceos bolivarianos.
La cotidianidad del liceo o la escuela ha de tornarse en trabajos comunitarios, reelaboración del conocimiento a través de la investigación y la acción social. Eso es parte de esas nuevas relaciones de poder y transformación social. Y la Educación Popular que propone el sistema educativo bolivariano quiere y debe fortalecer los intereses de la cooperación interna en la institución educativa como ya se dan en muchas escuelas, pero el salto del interior de las escuelas al exterior de las comunidades aún nos espera. No se enseña lo que no se sabe, y el respeto, la equidad, la justicia, en las relaciones de poder que se entablan en las instituciones educativas se proyectan a la organización comunitaria, a la organización cultural, a la cotidianidad del país, ahí hay un reto para favorecer la coherencia y el alcance de los objetivos de nuestro socialismo. La escuela tiene que hacer experiencia de vida la valoración de las normas necesarias para la convivencia, y consolidará un ambiente de respeto y solidaridad para darle carne y sangre a este socialismo que necesita nuevas generaciones de jóvenes y adultos honestos y corresponsables, implicados en su formación para la vida. Es importante reafirmar que las escuelas han de potenciar más que nunca esta formación de nuestros adolescentes y jóvenes con esas actividades alternativas que se incluyeron en la matriz curricular como danza, deporte, música; y más aún, combinar junto con las casas de la juventud el compromiso de cuidar los espacios comunitarios que estén a su alcance; que puede ir desde limpiar la calle que se habita hasta la consolidación de grupos educativos culturales vecinales surgidos de las inclinaciones juveniles y de los intereses de la patria.
La educación popular que inspiró a Don Simón Rodríguez y a muchos otros tantos educadores de América latina tiene hoy más que nunca su vigencia: Impulsar y sostener desde los sectores populares y empobrecidos la transformación socialista que propone el gobierno nacional, pues es fundamental en la identidad de la educación popular su intencionalidad política de transformación social devenida de una praxis educativa, ciudadana y convivencia éticamente responsable, orientada por los principios, valores y convicciones del socialismo que se propone. Haciendo revisiones constantes, sistematizando desde la praxis y teorizando con la confrontación y evaluación permanente. Recuperando el día a día, reconociendo que la calle, el barrio, el trabajo, el consejo comunal, la escuela, son la base del empoderamiento y concreción de este socialismo del siglo XXI.
La nueva generación, que hará posible una república democrática, participativa, protagónica, multiétnica y pluricultural, en un Estado de derecho y justicia que le permita crecer progresivamente en la comprensión de su condición de ciudadano o ciudadana y responder, corresponder y participar en la sociedad; debe hoy asumir el reto en conjunto con el principal potenciador social que es el educador.


Zuleima Álvarez
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